¡Ha infames franceses, cómo seguís a un vandido!

Se cumplen 205 años de la entrada del ejército francés en el lugar de Santullán, en Cantabria, con el objetivo de tomar la cercana Castro Urdiales. Y se cumplen también 205 años de la pérdida tanto del archivo parroquial de esta población cántabra como de todos los bienes muebles y ornamentos sagrados existentes en su parroquia.

Cuando comencé a consultar los poquitos libros sacramentales de Santullán, conservados en el Archivo Diocesano de Santander y digitalizados en FamilySearch, el primer libro de bautismos (1814-1851) me dio una primera pista sobre el trágico destino del archivo parroquial: Fueron destruidos y acavados todos los libros sacramentales de esta Yglesia de San Julián de Santullán por nuestros enemigos los Franceses, según se dice en el de finados.”

Una vez terminado el trabajo con los bautismos, pasé al libro de matrimonios (1813-1878), en cuya primera página encontré algunos datos más sobre lo sucedido en marzo de 1813, hace ahora 205 años: “A las tres de la tarde del día 18 del mes de marzo del año de 1813 se presentaron en este lugar nuestros enemigos, se aloxaron en esta Yglesia de San Julián de este lugar de Santullán y casas de sus vecinos. Estuvieron en él nueve días para invadir la plaza de Castro Urdiales y en ellos robaron y saquearon dicha Yglesia, haciendo pedazos todos sus libros y papeles y quemando los tres altares que en ella auía y no dexaron más que las paredes peladas, según se dice en el libro de finados.”

No pude esperar más y me fui directo al primer libro de finados o difuntos (1813-1851) para saber un poco más y esto fue lo que me encontré:

 

Archivo Diocesano de Santander, Santullán, Difuntos, lib. 1, fol. 1. Imagen obtenida de FamilySearch.

 

Jesús, María y José.

Libro de finados de esta Yglesia San Julián de el lugar de Santullán. Da principio en 24 de marzo de 1813.

Día 18 de dichos mes [marzo] y año [1813], como a las tres de la tarde llegó a este infeliz lugar [Santullán] la división de nuestros inhumanos y crueles enemigos, los franceses, compuesta de 1500, al mando de los generales Cloausel [Clausel] y Palombini; se alojaron en la Yglesia y casas de este dicho lugar; rovaron la Yglesia, hasta el copón, en el que estaba reservado el Venerable Sacramento, destruieron todos los libros y papeles, tanto del Archivo eclesiástico como de él secular; quemaron estos archivos, los cajones que había en la sacristía, los tres altares, bancos, confesonarios, púlpito, puerta y enrrejado de la pila bautismal, puertas de la sacristía y de la Yglesia y hasta el enrrejado del coro, con una parte del tillado. Rovaron todos ornamentos y no dejaron en los nueve días que en él estuvieron más que señales de furor y brutalidad, y ojos para llorar. Los desgraciados vecinos padecieron robos y todo género de desprecio e indignación. No pudieron en aquellos días de aflicción, sorpresa y congoxa, conquistar la plaza de Castro Urdiales, con cuio obgeto vinieron, por lo que se marcharon después que nuestro general, el Excelentísimo Sr. D. Gabriel de Mendizábal, los vistió entre la Hermita de Ventoso e Ilso de Anguia.

Volbieron a la misma empresa con muy superiores fuerzas el día domingo 25 de abril de citado año, dexándose ver sus avanadas a la vna de la tarde en este lugar; todos huieron y nadie los esperó a no ser algunos y algunas pocas mugeres; aquellos anduvieron de monte en monte y de pueblo en pueblo con sus familias y ganados, que pusieron reservado en la invasión pasada. Al fin, otros, creiéndose seguros se refugiaron a Castro, a donde avían depositado los pocos muebles que les avían quedado, pero lo executaron para recivir vna muerte crudísima que clamando al Padre de las Misericordias como unos mansos corderos les dieron aquellos hombres forragidos la noche del día 11 de mayo, en que tomaron esta que no merece nombre de plaza. noche por cierto de juicio, de desolación, de angustia, lloros y suspiros. ¡Ha infames franceses, cómo seguís a un vandido! ¡Cómo tenéis valor para cometer tanta atrocidad! Vuestro Gefe, ese que llamáis Emperador, ese Napoleón Bonaparte es un inhumano, vn cruel, vn sacrílego, vn ladrón, sin religión, sin fe y sin temor a nuestro gran Dios. Este Señor vengará todas injurias, le aniquilará y abatirá su sobervia. Amén. Así sea.

Entre renglones: reservado, desolación. Valga.

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