Gajes del oficio de un historiador (I)

Hay días en los que la suerte no acompaña. Casualidades como las que os relataba la semana pasada se dan muy pocas veces en la vida pero que falten libros fundamentales para una investigación histórica o genealógica es, en nuestro campo, el pan nuestro de cada día.

La semana pasada estuve en Asturias. Reservé toda la semana para investigar en el Archivo Histórico Diocesano de Oviedo y en el Archivo Municipal de Llanes, sobre los que escribiré mañana y pasado; y dormir en casa, en Babia, en la montaña de León, durante esos días. Incluso antes de partir ya había puesto título –con la inestimable ayuda tuitera de un seguidor de este blog– a la entrada que debía servir de crónica de esta investigación: Primavera en Babia… pero rápidamente todo se conjuró en nuestra contra.

2014-03-26 07.14.12

Amanecer primaveral en San Emiliano, Babia, León, España, 26 de marzo de 2014.

La primera, en la frente: el archivo parroquial que debía consultar no se encontraba depositado en el Archivo Histórico Diocesano de Oviedo sino en la parroquia. Aquella misma tarde telefoneé al párroco a un par de números de teléfono que pude conseguir pero no hubo suerte; ni aquel día, ni los siguientes. Mi intención de fijar una cita con el párroco se iba esfumando a medida que pasaban las horas y veía que no me devolvía las llamadas. Y con las mismas, regresé a León y luego a Sevilla. La segunda: para no desaprovechar la tarde, busqué otras opciones, pero precisamente los libros que iba solicitando, uno tras otro, se encontraban en restauración o fuera de consulta por obvios motivos de conservación y a la espera de ser restaurados. Y la tercera, la climatología adversa: una fuerte nevada que complicó los desplazamientos al intentar pasar de un lado a otro de la Cordillera Cantábrica y condicionó el desarrollo de una semana que había planificado al detalle. Afortunadamente y sin esperarlo, terminé la semana en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid al que, junto al Archivo de la Real Chancillería de Granada, dedicaré una próxima entrada, y en el que las cosas se dieron algo mejor: el par de expedientes de hidalguía que consulté me ayudaron a encajar las piezas que, a falta de archivo parroquial, había obtenido de los padrones y los protocolos notariales en el Archivo Municipal de Llanes.

Conclusión: la próxima vez, improviso el viaje. Seguro que me sale mejor.

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